Juventud, sexo y modernidad, ¿son incompatibles?
enero 17, 2019

Para cualquier organismo oficial que se precie, los tres conceptos que se señalan en el título de este post deben ser de los más prioritarios de su programa; y en especial, la mezcla de los tres, una preocupación primordial, intentando por todos los medios que sea realidad y que, además, funcione de la forma más perfecta posible. Si hablamos de un sector de la población tan delicado como la juventud, poca atención es poca, y si además queremos enfocarnos en su relación con el sexo y con los tiempos modernos que cada vez avanzan más rápido e inciden sobre todo en ellos, está claro que se necesita ser cuidadoso y no perder de vista ni un momento este interesante combo de conceptos.

Porque, ¿acaso la generación de jóvenes actual se parece a cualquiera de las anteriores? Para nada, durante años y años no parecía haber ningún cambio en las actitudes de la gente joven, que se dedicaba a imitar claramente las personas mayores de su entorno, persiguiendo parecerse a ellos al llegar a su misma edad. Pero entonces aparecieron movimientos revolucionarios que clamaban por la libertad y la rebeldía en todos los sentidos, y entre el cambio de actitud y pensamiento, y también el progreso y los avances tecnológicos que surgieron, la juventud empezó a desarrollarse y evolucionar de forma radicalmente diferente a la de sus mayores, y no ha parado desde hace más de medio siglo.

Así, vemos que los tiempos modernos no representan ningún reto para la gente joven, que se adapta a ellos con facilidad, pero ¿esto también se aplica a la sexualidad? Es cierto que ahora parece que se inician antes, parece que la libertar para hablar de sexo, y la facilidad con la que se accede al contenido porno puede ser una buena razón para ello; pero la cuestión es si se inician de buena forma, o condicionados por mitos y leyendas urbanas de las de siempre. Puede ser que follar sea una acción física que poco cambia con los tiempos, pero está claro que la actitud y los pensamientos en relación con la sexualidad sí deberían cambiar. Y aunque esto de la edad de iniciación puede significar un cambio (no se sabe si para bien o para mal), junto con la manera en que las jovencitas se comportan ahora frente a las relaciones sexuales, parece que todavía persisten algunos comportamientos machistas o algunas prácticas poco recomendables que la pornografía no deja de ensalzar, creando en estos jóvenes algunos conceptos que creen como absolutos, cuando en realidad no tiene otro sentido que el de excitar al personal.

Entonces, ¿debemos considerar que el porno es nocivo? Bueno, amén a algunas noticias que tristemente han aparecido en Tarragona en los últimos meses, no ha mostrado su lado más amable precisamente, la verdad. Luego hay que tener en cuenta otras cosas, como la adicción a la pornografía, que por desgracia es una de las cosas negativas que ha traído ese progreso del que hablábamos. Las nuevas tecnologías han traído un montón de nuevas adicciones, pero no seamos hipócritas tampoco, porque el enganche al sexo y al porno ya existía hace mucho, cuando nuestra sociedad era mucho más restrictiva (podríamos hablar incluso de la época victoriana, no nos engañemos) y sólo teníamos una pequeña porción de material pornográfico; aún así, nos las arreglábamos para tener acceso a ello, así que todo esto no es tan nuevo, aunque por supuesto ahora tiene mayor difusión.

Pero no hay que subestimar esta adicción al porno y, retomando el principio de este post, mucho menos si tiene que ver con la juventud. Claro que no hay una fórmula mágica para hacer que nuestros chicos y chicas lleguen a la edad adulta con una mente y un comportamiento equilibrado, pero hemos de intentar con todas nuestras fuerzas que lo hagan. Aunque también hay quién piensa que, desde el principio de los tiempo, la juventud se ha enfrentado al sexo con las herramientas que tenía a mano y, hasta ahora, no nos hemos extinguido ni sufrido ningún daño severo como especie. ¿Podríamos estar exagerando un poco y debemos aflojar nuestros bordes? Eso es lo que de verdad debemos considerar.